Cuando el mundo mira y no actúa

La infancia en peligro: cuando el mundo mira y no actúa

Durante más de 80 años, el derecho internacional humanitario y de los derechos humanos ha reconocido una verdad esencial: los niños deben ser protegidos, incluso —y especialmente— en tiempos de guerra. Sin embargo, lo que ocurre en Gaza desde octubre de 2023 representa una de las quiebras morales más profundas de ese compromiso colectivo.

Hoy no hablamos de cifras abstractas ni de debates lejanos. Hablamos de niñas y niños cuyas vidas, cuerpos, familias y futuros están siendo destruidos ante los ojos del mundo entero.

Gaza: una herida abierta en la conciencia global

Tras los ataques perpetrados por Hamas en Israel el 7 de octubre de 2023, la respuesta militar del Gobierno israelí sobre Gaza ha tenido consecuencias devastadoras para la población civil. En pocas semanas, el Secretario General de la ONU lanzó una advertencia que aún resuena con fuerza: “Gaza se está convirtiendo en un cementerio de niños”.

Casi dos años después, múltiples organismos internacionales han documentado lo impensable: violaciones sistemáticas de los derechos humanos de la infancia, incluyendo el derecho a la vida, a la salud, a la alimentación, a la educación y a la identidad. En 2025, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU concluyó que las acciones del Estado de Israel en Gaza constituyen genocidio según el derecho internacional.

Lo que hace esta tragedia aún más grave es que no ocurre en silencio. Está siendo transmitida en tiempo real, a través de medios tradicionales y redes sociales. No hay ignorancia posible. Y aun así, la respuesta internacional ha sido insuficiente.

Los niños, las principales víctimas de la guerra

La evidencia científica es clara desde hace décadas: la guerra deja cicatrices físicas, psicológicas y sociales profundas en los niños. En Gaza, estas heridas alcanzan una magnitud extrema.

  • Miles de niños han muerto o resultado gravemente heridos.
  • Muchos han perdido extremidades, a menudo sin anestesia ni atención médica adecuada.
  • Otros tantos han quedado huérfanos o separados de sus familias; ha surgido incluso un nuevo término médico: “niño herido sin familia sobreviviente”.
  • Todos, sin excepción, necesitan hoy apoyo psicológico y emocional.

La infancia en Gaza vive bajo bombardeos constantes, desplazamientos forzados, hambre, enfermedades y miedo. Para muchos, el trauma comienza incluso antes de nacer.

Hambre como arma de guerra

Uno de los aspectos más crueles de esta crisis es el uso deliberado del hambre como herramienta de guerra. El bloqueo prolongado y la restricción de la ayuda humanitaria han llevado a Gaza a una situación de hambruna declarada en varias zonas.

Cientos de miles de niños sufren desnutrición aguda. Los más pequeños —especialmente menores de cinco años— corren riesgo inmediato de muerte o de daños irreversibles en su desarrollo físico y cognitivo. Madres embarazadas y lactantes también están desnutridas, poniendo en peligro a una generación entera antes incluso de nacer.

La hambruna no es un desastre natural: es una crisis creada por decisiones humanas.

Hospitales y escuelas: lugares que dejaron de ser seguros

El derecho internacional es inequívoco: hospitales y escuelas deben ser protegidos en los conflictos armados. En Gaza, esta norma ha sido ignorada repetidamente.

La gran mayoría de los hospitales han sido dañados o destruidos. Las escuelas, muchas de ellas convertidas en refugios improvisados, también han sido bombardeadas. Como resultado:

  • El sistema de salud está colapsado.
  • Más del 95 % de las escuelas han quedado inutilizables.
  • Todos los niños de Gaza han sido privados de su derecho a la educación.

Esto no solo afecta al presente: amenaza con crear una generación perdida, sin acceso al aprendizaje, la estabilidad ni la esperanza.

El ataque a la identidad y al futuro

Cuando se destruyen familias, se desplaza a casi toda una población y se amenaza con borrar su presencia de un territorio, también se ataca la identidad. Los derechos del niño incluyen el derecho a un nombre, a una familia, a una cultura, a un futuro.

En Gaza, esos derechos están siendo negados de forma sistemática. Niños que escriben su nombre en su piel por si no sobreviven. Bebés que mueren en incubadoras sin electricidad. Familias enteras borradas de los registros civiles.

Esto no es solo una tragedia humanitaria: es una advertencia sobre el debilitamiento de las normas internacionales que deberían proteger a todos los niños, en cualquier lugar del mundo.

No mirar hacia otro lado

Desde OMEP España, organización comprometida con la defensa de los derechos de la infancia y con el bienestar integral de niños y niñas en todo el mundo, afirmamos con claridad que la protección de la infancia no puede ser selectiva ni condicionada.

Cuando la comunidad internacional falla en proteger a los niños de Gaza, se erosiona el sentido mismo de los derechos humanos. La infancia no puede ser considerada un daño colateral, ni su sufrimiento una imagen más en una pantalla.

Defender a los niños de Gaza es defender los principios que sostienen la Convención sobre los Derechos del Niño. Porque si los derechos de la infancia no se respetan cuando más se necesitan, dejan de ser derechos y se convierten en promesas vacías.

Desde esta entrada de nuestro blog nos hacemos eco del trabajo de Frontiers en https://www.frontiersin.org/journals/public-health/articles/10.3389/fpubh.2025.1708975/full os recomendamos su lectura.