LOS LIBROS

Los libros siempre son un buen compañero de viaje en nuestra vida. Al principio reflejando el mundo que nos rodea, después alimentando nuestra fantasía y por último enriqueciendo nuestros conocimientos, resolviendo nuestras dudas, dando alas a nuestra imaginación u orientando nuestro espíritu.

Por todas estas funciones que desempeñan los libros debemos saber elegirlos bien desde el principio.

Ahora gozamos de una gran oferta editorial que pone a nuestro alcance una variada gama de formatos, contenidos y aspectos, digitales y en papel, que pienso nunca debemos desdeñar pues es fuente de distintas sensaciones.

En los primeros años buscaremos libros que reproduzcan animales u objetos cercanos al niño, con imágenes definidas en las que se aprecie fácilmente la diferencia del fondo y la forma, pues esas páginas, llenas de objetos variados y coloridos, no le permiten observar con nitidez ninguna forma concreta para poder asociarla con el mundo que le rodea.

Posteriormente se podrán enriquecer con mayor número de elementos, con escenas claras y variadas, donde se puedan enumerar y definir los objetos o incluso las situaciones que representan, pero siempre buscando una estética y belleza en el diseño, personajes sin distorsiones exageradas o elementos desestabilizadores, que le induzcan al miedo. Son interesantes, aunque difíciles de encontrar, los libros con fotografías en los que claramente se reproducen objetos más o menos cercanos al niño. Ya puede verbalizar las escenas y es muy enriquecedor que lo haga en compañía de un adulto e incluso que se puedan establecer distintas versiones para una misma escena.

Llegamos al momento mágico en que el niño descubre la lectura y es la ocasión de buscar, no solo la estética en las imágenes, sino también en la calidad y comprensión de los textos. No desdeñaremos palabras nuevas o menos usuales que, a veces, el niño pueda deducir por el sentido del texto o pueden ser explicadas convenientemente. Tampoco huiremos de los distintos tipos de letra ni de los pictogramas que acompañen al texto, pero siempre teniendo en cuenta el tipo de lector que se está formando, pues cada niño tiene una manera distinta de aprender y necesita un texto adecuado a su capacidad y percepción.

Es el momento de iniciar el hábito lector, buscando a diario un momento tranquilo con un adulto, no más de un cuarto de hora, en el que con un cuento, que puede tener continuidad a lo largo de los días, se lea “a la limón”, se comente una página o se invente el texto que corresponde a una imagen, pero que sirva para crear la necesidad de ese momento de intimidad que primero será en compañía de papá o mamá y después será en soledad, aunque sabrá que siempre contará con la colaboración y participación de sus padres en el descubrimiento de ese mundo maravilloso que, a lo largo de la vida, le van a proporcionar los libros.

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